Educación Superior y Mercado Laboral

PAES, empleo y robots: los desafíos que reconfiguran la educación chilena

La pregunta de para qué se preparan los estudiantes chilenos golpea fuerte: entre una PAES que convirtió el cuarto medio en preuniversitario y un mercado laboral que expulsa trabajadores, las señales son claras.

Redacción Educación Superior en Chile|Educación Superior y Mercado Laboral|

El sistema educativo chileno enfrenta una tormenta de señales contradictorias. Por un lado, la PAES transformó el último año escolar en una carrera de preparación intensiva. Por otro, el mercado laboral expulsa trabajadores —60.000 puestos formales menos en un año solo entre venezolanos— y figuras como Bill Gates ya discuten si los robots deben pagar impuestos. La pregunta es directa: ¿para qué mundo están preparando las instituciones a sus estudiantes?

Cuarto medio ya no es cuarto medio: es el año de la PAES

El debate lo abrió el propio sistema. Medios regionales levantaron una pregunta que muchos estudiantes ya viven en carne propia: ¿cuándo cuarto medio dejó de ser un año de formación integral para convertirse en un preuniversitario de facto? La presión por rendir bien en la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES) —el examen obligatorio para entrar a universidades adscritas al Sistema de Admisión Centralizado (SAC)— reconfiguró completamente la sala de clases. Hoy, gran parte de los contenidos del último año escolar giran en torno a ensayos, puntajes y estrategias para subir décimas. El costo: los jóvenes llegan a la universidad con habilidades académicas de selección, pero con brechas en pensamiento crítico, trabajo colaborativo y competencias blandas que las propias instituciones de educación superior dicen necesitar.

El mercado laboral manda señales que la sala de clases no está leyendo

Mientras tanto, el mundo del trabajo envía alertas que pocas mallas curriculares han procesado. La pérdida de 60.000 puestos formales en el segmento de trabajadores venezolanos en Chile —registrada en 11 meses consecutivos de caída, según datos recientes— no es solo una estadística migratoria: es el termómetro de un mercado que precariza el empleo menos calificado. Al mismo tiempo, Bill Gates reabrió el debate global sobre si Microsoft y otras empresas tecnológicas deberían pagar un impuesto a los robots que reemplazan trabajadores humanos. La tensión es real y llega a Chile: las carreras técnicas y profesionales que hoy se dictan en institutos profesionales (IP) y centros de formación técnica (CFT) deben responder a un mercado que automatiza cada vez más tareas rutinarias.

  • Empleos en riesgo por automatización: actividades repetitivas en manufactura, logística y atención al cliente son las más expuestas.
  • Carreras con mayor resiliencia: áreas de salud, tecnología aplicada, medio ambiente y servicios especializados mantienen alta demanda según datos de mifuturo.cl.
  • Señal del mercado: la pérdida de 60.000 empleos formales en un año en un solo segmento laboral revela la fragilidad de los puestos de baja calificación.
  • Debate global que llega a Chile: el impuesto a los robots que propone Gates obligará a discutir cómo se financia la educación y la reconversión laboral.

La formación práctica gana terreno, pero la brecha persiste

Hay buenas noticias en el margen. Estudiantes de Ingeniería en Recursos Naturales de la Universidad Católica del Maule (UCM) realizaron toma de muestras directamente en el Lago Vichuquén, un ejemplo concreto de formación con salida al campo desde los primeros años. Y desde la Universidad Austral de Chile (UACh), un alumni —es decir, un exalumno— acaba de ganar el Premio Nacional Profesor Bicentenario 2026 por una propuesta educativa innovadora. Dos señales de que cuando las instituciones conectan el aula con el territorio, los resultados son reconocidos. El problema es que estos casos siguen siendo excepciones y no la norma en un sistema que todavía privilegia la teoría sobre la práctica.

Lo que viene

El debate sobre la PAES y su efecto distorsionador en el cuarto medio no va a desaparecer: hay presión creciente desde estudiantes, apoderados y académicos para reformar cómo se accede a la educación superior en Chile. Al mismo tiempo, la automatización del trabajo —y la discusión sobre quién paga sus costos sociales— va a obligar a universidades, IP y CFT a actualizar sus mallas con urgencia real, no con parches cosméticos. Los jóvenes que hoy eligen una carrera deben mirar más allá del puntaje de corte: la empleabilidad a cinco años, el sueldo promedio en mifuturo.cl y si la institución tiene vinculación efectiva con el sector productivo son las preguntas que importan. El sistema tiene que ponerse al día. Rápido.

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